04/06/2012

The firmament and the starry nights

Émile Chartier, who defined himself as the most philosopher among journalist and the most journalist among philosophers and lived between the 19th and 20th century, recommended to look into the distance. ‘When you look at the stars and the seaside horizon’ he said, ‘your eyes are completely relaxed. If the eyes are completely relaxed, the head is free, the step is firmer, everything relaxes and softens up your internal organs. But do not try to soften up through will, your will, exerted on you, applied on you, does everything wrong and will eventually strangle you. Do not think, look ahead’.

When Chartier elaborated this theory, there was no television, no videogames or computers, mobile telephones, e-mails. Humans then did not live sunk under the yoke of rush, noise and stress, yet his thoughts are entirely valid. Evan holidays turn up in a non-stop planes, places and sites to visit. Today, looking ahead is considered a waste of time.

W_vangogh
‘Starry night over the Rhone’, Vincent Van Gogh, 1888

I recently had the opportunity to meet a Brazilian psychiatrist, Augusto Cury, whose ideas have been adapted as postgraduate courses in 15 universities. Cury has defined a new syndrome of our time, Accelerated Thinking Syndrome (PAS). According to this theory, we received a large amount of information recorded in an unconscious way which our brain processes continually reading at high speed, like crazy. The consequences are such contemporary diseases plaguing developed countries: anxiety, stress, psychosomatic illness, poor memory, depression. And no one gets rid of them; even our children increasingly suffer from attention deficit and are hyperactive due to overstimulation. Against all these ills, we have invented drugs that help us cope, but nothing heals us, nothing can stop our minds. Common sense tells us that giving drugs to a six years old’s the developing brain is at least dangerous, but again circumstances are beyond us, we work, have mortgage, training, excessive activity and no grandmother living in the countryside without television to send our son to, away from the excess of everything, so we abdicate to this world of remedies without cause that swallows everything and of which we do not know the consequences.

When adolescents seek refuge in drugs we worry, frighten, do not understand and once again seek desperate remedies. Probably their brains are crying out for a break, escape the continuous thought, from excess with more excess.

It is no coincidence that today’s philosophers are looking far, far behind, and talk to us of Socrates and Plato, Aristotle, Buddha, Confucius, how those wise me who had time to stroll and contemplate, took life. In common they had, as noted by Lou Marinoff (president and founder of the American Philosophical Practitioners Associaton, APRA) ‘the extremely important notion that the main purpose for being alive is to lead a good life here and now’ in the present moment. However, this apparent simple premise is today a difficult goal because our mind is always occupied with thoughts of desire, conquest and criticism. Nothing strange, as the consumer society invites us from our earliest childhood to own and assures us that happiness is to consume beyond measure objects, travel, information and people, and all that makes our time on an obstacle course in which forget that the great journey is not towards success but towards meaning.

A good life starts in the present moment, your future will be as your present, the quality you put into the moment will determine the next one. Worrying is almost useless; handling things is the only way and the more alert and awake, the better the result. I often like to watch animals, which in certain things are much wiser than we are. A cheetah, a lizard, a dog, a domestic cat are always on what they are and this is why they are precise, quick and effective in their actions, when hunting a fly they concentrate on the fly, when they sleep, they rest, they aren’t continuously worrying about tomorrow. Humans, however, multiply our fears and needs by thinking about them. There is only one way to battle PAS and it is to be present, with all your energy, on what you’re doing, being aware that your time is yours and the best way to live it is with quality and not with quantity. I know this can be outdated as the world today invites us to do, do and do. It’s worth trying Émile Chartier experiment: just look into the distance because your body —what it sees, smells and touches— also rules over your mind.

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Fue Cicerón quien dijo que vivir sin amigos no es vivir y es que da igual las riquezas o el poder que poseamos, lo guapos que seamos; todos, si algo necesitamos en nuestra vida son los amigos. O dicho quizás de otro modo, sin amigos ¿quién querría vivir?

Aristóteles dedica los libros VIII y IX de su 'Ética a Nicómaco' a estudiar de forma profunda la amistad y es él quien establece de entrada dos tipos de amistades, la perfecta y la imperfecta, que se han impuesto en el pensamiento universal sin apenas réplicas.

Keith (desenfocado) y Mick (enfocado) en Nueva York en 1978 —Imagen Michael Putland

Una amistad imperfecta es aquella que se mueve por el interés o por el placer, según el filósofo griego. Y es imperfecta precisamente porque depende de algún elemento exterior a la relación para tener éxito. Distinguía entre la imperfecta por utilidad y por placer.

Pensemos un poco más en concreto en este tipo de relación imperfecta por utilidad. Necesita de beneficio, de provecho individual, algo muy alejado de lo que normalmente entendemos por amistad verdadera. Si existe un interés ajeno al del propio amigo, este, ¿no se está convirtiendo en un medio en sí mismo para que nosotros alcancemos un fin?. '[…] los que quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que pueden obtener algún bien unos de otros' escribe Aristóteles.

Existe otro tipo de amistad imperfecta basada en el placer. Se trata esta de una amistad no necesariamente basada en el egoísmo, sino en la analogía, el placer de hacer algo en común, por gustos y favores mutuos. Este tipo de amistad la encontramos en la juventud. ¿Quién no recuerda ese amigo o amiga con el que salíamos de marcha cada sábado, al que le confiábamos todos nuestros secretos durante una noche de excesos? Esa intensidad, esa confianza ciega, ese gozo continuo se daba principalmente en la adolescencia y la juventud, momento en el que éramos capaces de sentir conexión cósmica con las personas. Estas amistades basadas en el placer acababan tan rápidamente como cambiaban nuestros gustos, cuando dejábamos de sentirnos cercanos en nuestros contentamientos con la otra persona.

Para el discípulo de Platón, la amistad perfecta no estaba basada en el interés o la utilidad, sino que se trata de una virtud unida a la felicidad de vivir en comunidad. Vivir en comunidad requiere convivencia y la convivencia sin amistad no puede ser plena. Por lo tanto, un hombre sin amistades no puede ser feliz. Aristóteles utiliza el término virtud como una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por defecto y el otro por exceso. La virtud tiene una proveniencia intelectual que une el conocimiento y la acción.

Según Aristóteles uno no puede tener un amigo del que no se fía, y confianza viene del latín fides, que significa ‘fe’ —Imagen busto de Aristóteles en el Palazzo Altemps de Roma

Ya hemos hecho el repaso de los tres tipos de amistad según Aristóteles, pero, ¿hemos de quedarnos en la categorización de la amistad o lo que en realidad más puede interesarnos es saber qué criterios hemos de seguir para definir a alguien como amigo? Particularmente, te confesaré, lector, que esta que escribe está más interesada en lo segundo y trataré de explicarme. Cualquier tipo de amistad nos sirve en un momento u otro como refugio para el alma. Puede ser que se trate de puro interés, de gustos comunes o que nos guíe el amor puro, pero, ¿cuándo alguien es un amigo y cuándo no pasa de conocido?

Me gustaría en este punto contraponer dos pensamientos, uno del mundo antiguo, masculino, sistemático, el de Aristóteles, con otro del siglo XX, femenino y de formación marxista: Simone Weil. Dos figuras máximas —recomiendo mucho la lectura de los ensayos de la filósofa francesa— que, analizando un concepto universal, entran en conflicto intelectual, a veces con pensamientos completamente opuestos. Dos expertos en la amistad que nos harán pensar, dudar y desarrollar conceptos más elaborados en nuestras cabecitas dormidas del siglo XXI.

‘Cuando el afecto de un ser humano hacia otro está constituido únicamente sobre la necesidad es atroz. Pocas cosas existen que adquieran ese grado de fealdad y de horror’ (Simone Weil) —Imagen Autor Desconocido

Hay tres criterios que han de darse según Aristóteles para poder hablar de amistad. El primero de ellos es el del tiempo. La amistad requiere de tiempo porque está basada en la confianza mutua y a su vez, la confianza pide tiempo, porque es precisamente el tiempo el factor que me va a determinar quién es de fiar y quién me va a traicionar. Uno no puede tener un amigo del que no se fía. Confianza, no lo olvidemos, viene del latín fides, que significa ‘fe’.

Simone Weil no ve el tiempo como un factor determinante; es más, cree que el tiempo no es ningún factor a tener en cuenta en absoluto cuando hablamos de amistad. Uno puede ser amigo de alguien durante 5 minutos. Y si no, que nos lo pregunten a las que hemos hecho cola en el baño de una discoteca a las 3 de la madrugada —cuando esas horas eran todavía posibles— y el tipo de confesiones que nos hemos hecho con ‘amigas’ a las que no hemos vuelto a ver. 'La amistad es el milagro en el que un ser humano acepta mirar con distancia y sin acercamiento alguno al ser que le es necesario como alimento' decía la parisina Weil.

Si Aristóteles hablaba de tiempo y no habría entendido el concepto de amistad de un solo día, Weil pone el acento en la intensidad. La amistad no se define por la duración sino por el ardor con el que se vive una relación. Para ella, la amistad es cualitativa y no cuantitativa y no requiere de la presencia continuada en el tiempo. Más bien al contrario, lo que le da valor a la amistad es su ausencia. Será a través de la ausencia como podamos sentirnos más unidos a alguien. ¿Conocéis la sensación de volver a hablar con un amigo de la infancia después de muchos años y tener la sensación de que no ha pasado el tiempo? ¿Y esa tan terrible de no interesarte nada lo que te cuente alguien a quien ves frecuentemente y a quien consideras tu amigo? Quizá es buen momento para plantearnos que hay muchos modelos de amistad que no tienen por qué ser incompatibles. Qué sé yo.

¿Es la amistad un tipo de amor? —Imagen A&

Pasemos a un segundo criterio que le sirve a Aristóteles para definir la amistad: la reciprocidad. 'Soy amigo de quien es mi amigo' y a este amigo mío le voy a dar todo lo que soy sin esperar nada a cambio, porque si estuviera esperando algo a cambio, no hablaríamos de amistad sino de transacción.

Pero, ¿cómo medimos la reciprocidad sin entrar en las compensaciones? Hemos quedado en que la amistad se aleja de los tratos comerciales en su lógica. Ahí es precisamente donde Simone Weil vuelve a objetar el argumento del filósofo de Estagira. La amistad ha de ser la entrega incondicional de uno, sin ningún porqué. De hecho, para Weil, la amistad no tiene nada que ver con una elección ni con la voluntad. No somos nosotros los que elegimos a nuestros amigos sino que es la propia amistad la que elige. La amistad es un acontecimiento, algo que nos pasa, queramos o no y tiene el poder de comenzar antes de que nos demos cuenta. Decimos que alguien es nuestro amigo cuando esa amistad ya está manifiesta dentro de nosotros.

Es de suponer que Jesús invitase a sus amigos a su última cena, pero ¿fueron sus discípulos y sus amigos las mismas personas? —Imagen Leonardo Da Vinci, 'La última cena', 1498

El tercer y último criterio en el que chocan los argumentos entre los dos filósofos es la semejanza. Según Aristóteles es imposible ser amigo de alguien con quien no tenemos nada que ver, tiene que existir alguna afinidad. Mi amigo es mi otro yo. Pero, ¿quién se parece a quién? ¿Quién deja de ser él para ser el otro? ¿En la amistad tiene que haber alguien necesariamente sometido en algún momento?

Simone Weil es más radical con este tema. Ella dice que el amigo nunca nos va a decir lo que queremos oír. La amistad lo que hace es desencajarnos, ponernos a prueba constantemente. Para Aristóteles el amigo es el espejo en el que reconocernos y que nos vuelve mejores a ambos. Weil afirma que para que el otro continúe en posición de otredad, no puede encajar con nuestra forma de ser.

Vayamos a un ejemplo material y bastante común. Sabemos que nuestro amigo está siendo engañado por su pareja. ¿Qué hacemos, se lo decimos? Piensa en la respuesta antes de continuar leyendo. Yo no tengo la respuesta sobre cómo ha de actuar un amigo de verdad, pero sí tengo la experiencia de haber estado en ambos lados de la situación y cuando he sido la engañada he recriminado al amigo que no me lo contara, porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Decirse la verdad aunque esta sea incómoda. Pero también he estado en la situación de saber de una infidelidad y no tener la certeza de que la verdad pudiera ayudar en algo. De hecho, mientras las personas pongamos por delante en nuestras relaciones emocionales a la pareja sobre la amistad, menos garantías de sinceridad habrá en la amistad.

Decía Weil que cuanto más diferente sea mi amigo, más sacará de mí esa amistad. Quizás tenga razón, pero en un mundo tan tendente al infantilismo, tan hipersensible a la crítica cuando viene del ‘contrario’ no sé si la amistad entre diferentes se está convirtiendo en algo cada vez más quimérico.

Thelma y Louise en Arkansas, haciéndose un selfie antes de que existieran —Imagen Ridley Scott, 'Thelma & Louise', 1991

Fue Cicerón quien dijo que vivir sin amigos no es vivir y es que da igual las riquezas o el poder que poseamos, lo guapos que seamos; todos, si algo necesitamos en nuestra vida son los amigos. O dicho quizás de otro modo, sin amigos ¿quién querría vivir?

Aristóteles dedica los libros VIII y IX de su 'Ética a Nicómaco' a estudiar de forma profunda la amistad y es él quien establece de entrada dos tipos de amistades, la perfecta y la imperfecta, que se han impuesto en el pensamiento universal sin apenas réplicas.

Keith (out of focus) and Mick (focused) in New York in 1978 —Image Michael Putland

Una amistad imperfecta es aquella que se mueve por el interés o por el placer, según el filósofo griego. Y es imperfecta precisamente porque depende de algún elemento exterior a la relación para tener éxito. Distinguía entre la imperfecta por utilidad y por placer.

Pensemos un poco más en concreto en este tipo de relación imperfecta por utilidad. Necesita de beneficio, de provecho individual, algo muy alejado de lo que normalmente entendemos por amistad verdadera. Si existe un interés ajeno al del propio amigo, este, ¿no se está convirtiendo en un medio en sí mismo para que nosotros alcancemos un fin?. '[…] los que quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que pueden obtener algún bien unos de otros' escribe Aristóteles.

Existe otro tipo de amistad imperfecta basada en el placer. Se trata esta de una amistad no necesariamente basada en el egoísmo, sino en la analogía, el placer de hacer algo en común, por gustos y favores mutuos. Este tipo de amistad la encontramos en la juventud. ¿Quién no recuerda ese amigo o amiga con el que salíamos de marcha cada sábado, al que le confiábamos todos nuestros secretos durante una noche de excesos? Esa intensidad, esa confianza ciega, ese gozo continuo se daba principalmente en la adolescencia y la juventud, momento en el que éramos capaces de sentir conexión cósmica con las personas. Estas amistades basadas en el placer acababan tan rápidamente como cambiaban nuestros gustos, cuando dejábamos de sentirnos cercanos en nuestros contentamientos con la otra persona.

Para el discípulo de Platón, la amistad perfecta no estaba basada en el interés o la utilidad, sino que se trata de una virtud unida a la felicidad de vivir en comunidad. Vivir en comunidad requiere convivencia y la convivencia sin amistad no puede ser plena. Por lo tanto, un hombre sin amistades no puede ser feliz. Aristóteles utiliza el término virtud como una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por defecto y el otro por exceso. La virtud tiene una proveniencia intelectual que une el conocimiento y la acción.

According to Aristotle one cannot have a friend whom one does not trust, and trust comes from the Latin fides, which means 'faith' —Image bust of Aristotle in the Palazzo Altemps in Rome

Ya hemos hecho el repaso de los tres tipos de amistad según Aristóteles, pero, ¿hemos de quedarnos en la categorización de la amistad o lo que en realidad más puede interesarnos es saber qué criterios hemos de seguir para definir a alguien como amigo? Particularmente, te confesaré, lector, que esta que escribe está más interesada en lo segundo y trataré de explicarme. Cualquier tipo de amistad nos sirve en un momento u otro como refugio para el alma. Puede ser que se trate de puro interés, de gustos comunes o que nos guíe el amor puro, pero, ¿cuándo alguien es un amigo y cuándo no pasa de conocido?

Me gustaría en este punto contraponer dos pensamientos, uno del mundo antiguo, masculino, sistemático, el de Aristóteles, con otro del siglo XX, femenino y de formación marxista: Simone Weil. Dos figuras máximas —recomiendo mucho la lectura de los ensayos de la filósofa francesa— que, analizando un concepto universal, entran en conflicto intelectual, a veces con pensamientos completamente opuestos. Dos expertos en la amistad que nos harán pensar, dudar y desarrollar conceptos más elaborados en nuestras cabecitas dormidas del siglo XXI.

‘When the affection of a human being to another is made only on the need it is atrocious. Few things exist that acquire that degree of ugliness and horror' (Simone Weil) —Image Author Unknown

Hay tres criterios que han de darse según Aristóteles para poder hablar de amistad. El primero de ellos es el del tiempo. La amistad requiere de tiempo porque está basada en la confianza mutua y a su vez, la confianza pide tiempo, porque es precisamente el tiempo el factor que me va a determinar quién es de fiar y quién me va a traicionar. Uno no puede tener un amigo del que no se fía. Confianza, no lo olvidemos, viene del latín fides, que significa ‘fe’.

Simone Weil no ve el tiempo como un factor determinante; es más, cree que el tiempo no es ningún factor a tener en cuenta en absoluto cuando hablamos de amistad. Uno puede ser amigo de alguien durante 5 minutos. Y si no, que nos lo pregunten a las que hemos hecho cola en el baño de una discoteca a las 3 de la madrugada —cuando esas horas eran todavía posibles— y el tipo de confesiones que nos hemos hecho con ‘amigas’ a las que no hemos vuelto a ver. 'La amistad es el milagro en el que un ser humano acepta mirar con distancia y sin acercamiento alguno al ser que le es necesario como alimento' decía la parisina Weil.

Si Aristóteles hablaba de tiempo y no habría entendido el concepto de amistad de un solo día, Weil pone el acento en la intensidad. La amistad no se define por la duración sino por el ardor con el que se vive una relación. Para ella, la amistad es cualitativa y no cuantitativa y no requiere de la presencia continuada en el tiempo. Más bien al contrario, lo que le da valor a la amistad es su ausencia. Será a través de la ausencia como podamos sentirnos más unidos a alguien. ¿Conocéis la sensación de volver a hablar con un amigo de la infancia después de muchos años y tener la sensación de que no ha pasado el tiempo? ¿Y esa tan terrible de no interesarte nada lo que te cuente alguien a quien ves frecuentemente y a quien consideras tu amigo? Quizá es buen momento para plantearnos que hay muchos modelos de amistad que no tienen por qué ser incompatibles. Qué sé yo.

Is friendship a type of love? —Image A&

Pasemos a un segundo criterio que le sirve a Aristóteles para definir la amistad: la reciprocidad. 'Soy amigo de quien es mi amigo' y a este amigo mío le voy a dar todo lo que soy sin esperar nada a cambio, porque si estuviera esperando algo a cambio, no hablaríamos de amistad sino de transacción.

Pero, ¿cómo medimos la reciprocidad sin entrar en las compensaciones? Hemos quedado en que la amistad se aleja de los tratos comerciales en su lógica. Ahí es precisamente donde Simone Weil vuelve a objetar el argumento del filósofo de Estagira. La amistad ha de ser la entrega incondicional de uno, sin ningún porqué. De hecho, para Weil, la amistad no tiene nada que ver con una elección ni con la voluntad. No somos nosotros los que elegimos a nuestros amigos sino que es la propia amistad la que elige. La amistad es un acontecimiento, algo que nos pasa, queramos o no y tiene el poder de comenzar antes de que nos demos cuenta. Decimos que alguien es nuestro amigo cuando esa amistad ya está manifiesta dentro de nosotros.

Presumably Jesus invited his friends to his last supper, but were his disciples and his friends the same people? —Image Leonardo Da Vinci, 'The Last Supper', 1498

El tercer y último criterio en el que chocan los argumentos entre los dos filósofos es la semejanza. Según Aristóteles es imposible ser amigo de alguien con quien no tenemos nada que ver, tiene que existir alguna afinidad. Mi amigo es mi otro yo. Pero, ¿quién se parece a quién? ¿Quién deja de ser él para ser el otro? ¿En la amistad tiene que haber alguien necesariamente sometido en algún momento?

Simone Weil es más radical con este tema. Ella dice que el amigo nunca nos va a decir lo que queremos oír. La amistad lo que hace es desencajarnos, ponernos a prueba constantemente. Para Aristóteles el amigo es el espejo en el que reconocernos y que nos vuelve mejores a ambos. Weil afirma que para que el otro continúe en posición de otredad, no puede encajar con nuestra forma de ser.

Vayamos a un ejemplo material y bastante común. Sabemos que nuestro amigo está siendo engañado por su pareja. ¿Qué hacemos, se lo decimos? Piensa en la respuesta antes de continuar leyendo. Yo no tengo la respuesta sobre cómo ha de actuar un amigo de verdad, pero sí tengo la experiencia de haber estado en ambos lados de la situación y cuando he sido la engañada he recriminado al amigo que no me lo contara, porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Decirse la verdad aunque esta sea incómoda. Pero también he estado en la situación de saber de una infidelidad y no tener la certeza de que la verdad pudiera ayudar en algo. De hecho, mientras las personas pongamos por delante en nuestras relaciones emocionales a la pareja sobre la amistad, menos garantías de sinceridad habrá en la amistad.

Decía Weil que cuanto más diferente sea mi amigo, más sacará de mí esa amistad. Quizás tenga razón, pero en un mundo tan tendente al infantilismo, tan hipersensible a la crítica cuando viene del ‘contrario’ no sé si la amistad entre diferentes se está convirtiendo en algo cada vez más quimérico.

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En esta, que tuvo lugar en mayo de 1976, el propio Krishnamurti, el físico David Bohm y el psicoanalista David Shainberg reflexionan sobre conceptos como soledad, libertad, transformación, pensamiento o mente.Brockwood Park is a school founded by Jiddu Krishnamurti and a group of partners in 1969, with the intention of carrying out their educational proposals. Education was one of the major concerns of the Indian from the very beginning of his career, and schools are one of the most suitable land to implement his teachings. To that end, Brockwood settled in Hampshire (UK) as a private school for up to a small group of students as boarders. The community of teachers and students had a markedly international character, with people from more than twenty countries. The purpose was to awaken the intelligence of the student and the educator to the nature and consequences of their behavior and way of thinking, in all facets of daily life. The important thing is not to get the students get good grades, but is able to adequately face all the challenges of their relationship with the world. One of the most significant activities of the institution are your open chats. In this, which took place in May 1976, Krishnamurti, the physicist David Bohm and psychoanalyst David Shainberg reflect on concepts like solitude, freedom, transformation, thought or mind." 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