22/04/2013

El deber de vivir una vida propia

José Luis Sampedro fue un escritor, humanista y economista español que abogó por una economía ‘más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos’.

En 2008 fue condecorado con la Medalla de la Orden de Carlomagno del Principado de Andorra; en abril de 2009 fue investido como doctor Honoris Causa de la Universidad de Sevilla; en junio de 2010 se le concedió el XXIV Premio Internacional Menéndez Pelayo por sus ‘múltiples aportaciones al pensamiento humano’ desde sus facetas de economista, escritor y profesor, y ese mismo año el Consejo de Ministros le otorgó en noviembre la Orden de las Artes y las Letras de España por ‘su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo’; en 2011 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas y en 2012 fue investido doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá.

Sampedro ejerció su humanismo crítico acerca de la decadencia moral y social de Occidente, del neoliberalismo y las brutalidades del ‘capitalismo salvaje’. En referencia a esto, aportó su grano de arena en las protestas en España de mayo de 2011 escribiendo el prólogo a la edición española del libro ‘¡Indignáos!’, de Stéphane Hessel.

En este vídeo habla sobre el deber de vivir una vida propia, sobre la naturalidad de la muerte y sobre la vigencia del eslogan de la Revolución Francesa: Libertad, igualdad y fraternidad.

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'Noche estrellada sobre el Ródano', Vincent Van Gogh, 1888
No hace mucho tuve la oportunidad de conocer a un psiquiatra brasileño, Augusto Cury, cuyas ideas se han adaptado como cursos de postgrado en 15 universidades. Cury ha definido un nuevo síndrome de nuestra época, el Síndrome del Pensamiento Acelerado (SPA). Según dicha teoría, recibimos gran cantidad de información que registramos de manera inconsciente y que nuestro cerebro procesa continuamente leyendo a gran velocidad, enloquecido. Las consecuencias son esas enfermedades contemporáneas que asolan a los países desarrollados: la ansiedad, el estrés, enfermedades psicosomáticas, falta de memoria, depresión. Y nadie se libra de ellas, incluso nuestros niños sufren cada vez más el déficit de atención y son hiperactivos debido al exceso de estímulos. Contra todos estos males hemos inventado fármacos que nos ayudan a sobrellevarlos, pero nada nos cura, nada detiene nuestras mentes. El sentido común nos dice que dar fármacos al cerebro en formación de un niño de seis años es, como mínimo, peligroso, pero de nuevo las circunstancias nos superan, tenemos trabajo, hipotecas, cursos, exceso de actividad y ninguna abuela que viva en el campo sin televisión para poder alejar a nuestro hijo del exceso de todo, así que abdicamos a este mundo de los remedios sin causa que todo lo engulle y del que no sabemos las consecuencias. Cuando los adolescentes buscan refugio en las drogas nos inquietamos, asustamos, no entendemos y de nuevo buscamos remedios desesperados. Probablemente sus cerebros están pidiendo a gritos una pausa, huir del pensamiento continuo, del exceso con más exceso. No es casualidad que hoy los filósofos estén mirando atrás, muy atrás, y nos hablen de Sócrates y Platón, de Aristóteles, de Buda, de Confucio, de cómo aquellos sabios que tenían tiempo de pasear y contemplar se tomaban la vida. En común tenían, tal como señala Lou Marinoff (presidente y fundador de la American Philosophical Practitioners Associaton, APRA) 'la noción sumamente importante de que el principal propósito de estar vivo es llevar una vida buena, aquí y ahora', en el instante presente. Sin embargo, esa premisa de aparente simplicidad es hoy un difícil propósito porque nuestra mente esta siempre ocupada con pensamientos de deseo, conquista y crítica. Normal, ya que la sociedad de consumo nos invita desde nuestra más tierna infancia a poseer y nos asegura que la felicidad está en consumir sin medida objetos, viajes, información y personas, y todo eso convierte nuestro tiempo en una carrera de obstáculos en la que olvidamos que el gran viaje no es hacia el éxito sino hacia el significado. Una buena vida parte del momento presente, tal como es tu presente será tu futuro, la calidad que le pongas al momento determinará el momento siguiente. Preocuparse sirve de bien poco, ocuparse es el único camino y cuanto más despierto y atento, mejor será el resultado. A menudo me gusta fijarme en los animales, que en ciertas cosas me parecen más sabios que nosotros. Un guepardo, una lagartija, un perro o un gato doméstico están siempre en lo que están y por eso suelen ser precisos, rápidos y efectivos en sus acciones, cuando cazan una mosca se concentran en la mosca y cuando duermen descansan, no andan preocupados por el mañana. Los humanos sin embargo multiplicamos nuestros  miedos pensando en ellos y también nuestras necesidades. Sólo hay un camino para combatir el SPA y es estar presente con toda tu energía en lo que estás haciendo, siendo consciente de que tu tiempo te pertenece y que la mejor manera de vivirlo es con calidad, no con cantidad, sé que eso es muy poco moderno, ya que hoy el mundo nos invita a hacer, hacer y hacer. Vale la pena probar el experimento que propone Émile Chartier: simplemente mirar a lo lejos, y es que el cuerpo —lo que mira, lo que huele y lo que acaricia—, también manda sobre la mente.Émile Chartier, who defined himself as the most philosopher among journalist and the most journalist among philosophers and lived between the 19th and 20th century, recommended to look into the distance. 'When you look at the stars and the seaside horizon' he said, 'your eyes are completely relaxed. If the eyes are completely relaxed, the head is free, the step is firmer, everything relaxes and softens up your internal organs. But do not try to soften up through will, your will, exerted on you, applied on you, does everything wrong and will eventually strangle you. Do not think, look ahead'. When Chartier elaborated this theory, there was no television, no videogames or computers, mobile telephones, e-mails. Humans then did not live sunk under the yoke of rush, noise and stress, yet his thoughts are entirely valid. Evan holidays turn up in a non-stop planes, places and sites to visit. Today, looking ahead is considered a waste of time. W_vangogh
'Starry night over the Rhone', Vincent Van Gogh, 1888
I recently had the opportunity to meet a Brazilian psychiatrist, Augusto Cury, whose ideas have been adapted as postgraduate courses in 15 universities. Cury has defined a new syndrome of our time, Accelerated Thinking Syndrome (PAS). According to this theory, we received a large amount of information recorded in an unconscious way which our brain processes continually reading at high speed, like crazy. The consequences are such contemporary diseases plaguing developed countries: anxiety, stress, psychosomatic illness, poor memory, depression. And no one gets rid of them; even our children increasingly suffer from attention deficit and are hyperactive due to overstimulation. Against all these ills, we have invented drugs that help us cope, but nothing heals us, nothing can stop our minds. Common sense tells us that giving drugs to a six years old’s the developing brain is at least dangerous, but again circumstances are beyond us, we work, have mortgage, training, excessive activity and no grandmother living in the countryside without television to send our son to, away from the excess of everything, so we abdicate to this world of remedies without cause that swallows everything and of which we do not know the consequences. When adolescents seek refuge in drugs we worry, frighten, do not understand and once again seek desperate remedies. Probably their brains are crying out for a break, escape the continuous thought, from excess with more excess. It is no coincidence that today's philosophers are looking far, far behind, and talk to us of Socrates and Plato, Aristotle, Buddha, Confucius, how those wise me who had time to stroll and contemplate, took life. In common they had, as noted by Lou Marinoff (president and founder of the American Philosophical Practitioners Associaton, APRA) 'the extremely important notion that the main purpose for being alive is to lead a good life here and now' in the present moment. However, this apparent simple premise is today a difficult goal because our mind is always occupied with thoughts of desire, conquest and criticism. Nothing strange, as the consumer society invites us from our earliest childhood to own and assures us that happiness is to consume beyond measure objects, travel, information and people, and all that makes our time on an obstacle course in which forget that the great journey is not towards success but towards meaning. A good life starts in the present moment, your future will be as your present, the quality you put into the moment will determine the next one. Worrying is almost useless; handling things is the only way and the more alert and awake, the better the result. I often like to watch animals, which in certain things are much wiser than we are. A cheetah, a lizard, a dog, a domestic cat are always on what they are and this is why they are precise, quick and effective in their actions, when hunting a fly they concentrate on the fly, when they sleep, they rest, they aren’t continuously worrying about tomorrow. Humans, however, multiply our fears and needs by thinking about them. There is only one way to battle PAS and it is to be present, with all your energy, on what you’re doing, being aware that your time is yours and the best way to live it is with quality and not with quantity. I know this can be outdated as the world today invites us to do, do and do. It’s worth trying Émile Chartier experiment: just look into the distance because your body —what it sees, smells and touches— also rules over your mind." 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Fue sometido a resonancias magnéticas nucleares y conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y multitud de sensaciones diferentes, y los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del +0.3 —muy infeliz— a –0.3 —muy feliz—. Matthieu logró –0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título que él mismo no termina de aceptar. Prefiere limitarse a resaltar que efectivamente la cantidad de 'emociones positivas' que produce su cerebro está 'muy lejos de los parámetros normales'. Matthieu es un monje budista que reside en el monasterio Shechen Tennyi Dargyeling, en Nepal. Nació en París en 1946 y es hijo de Jean-François Revel, un filósofo francés de renombre, por lo que creció rodeado de la élite intelectual francesa. 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