04/06/2012

El firmamento y las noches estrelladas

Émile Chartier, que se definía a sí mismo como el más filósofo de los periodistas y el más periodista de los filósofos y que vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX, recomendaba mirar a lo lejos. ‘Cuando miráis las estrellas y el horizonte marino’, decía, ‘vuestros ojos están completamente relajados. Si los ojos están relajados, la cabeza está libre, el paso se hace más firme, todo se relaja y suaviza hasta las vísceras. Pero no trates de suavizarte mediante la voluntad; tu voluntad, ejercida sobre ti, aplicada en ti, lo hace todo al revés y acabará por estrangularte. No pienses, mira a lo lejos’.

Cuando Chartier elaboró esta teoría no existía la televisión, ni los videojuegos, ni los ordenadores, teléfonos móviles, correos electrónicos. Los humanos no vivíamos entonces sumidos bajo el yugo de la prisa, el ruido y el estrés, y sin embargo sus pensamientos son de plena actualidad. Incluso las vacaciones se convierten en un no parar de aviones, lugares y sitios que visitar. Hoy, mirar a lo lejos se considera una pérdida de tiempo.

W_vangogh
‘Noche estrellada sobre el Ródano’, Vincent Van Gogh, 1888

No hace mucho tuve la oportunidad de conocer a un psiquiatra brasileño, Augusto Cury, cuyas ideas se han adaptado como cursos de postgrado en 15 universidades. Cury ha definido un nuevo síndrome de nuestra época, el Síndrome del Pensamiento Acelerado (SPA). Según dicha teoría, recibimos gran cantidad de información que registramos de manera inconsciente y que nuestro cerebro procesa continuamente leyendo a gran velocidad, enloquecido. Las consecuencias son esas enfermedades contemporáneas que asolan a los países desarrollados: la ansiedad, el estrés, enfermedades psicosomáticas, falta de memoria, depresión. Y nadie se libra de ellas, incluso nuestros niños sufren cada vez más el déficit de atención y son hiperactivos debido al exceso de estímulos. Contra todos estos males hemos inventado fármacos que nos ayudan a sobrellevarlos, pero nada nos cura, nada detiene nuestras mentes. El sentido común nos dice que dar fármacos al cerebro en formación de un niño de seis años es, como mínimo, peligroso, pero de nuevo las circunstancias nos superan, tenemos trabajo, hipotecas, cursos, exceso de actividad y ninguna abuela que viva en el campo sin televisión para poder alejar a nuestro hijo del exceso de todo, así que abdicamos a este mundo de los remedios sin causa que todo lo engulle y del que no sabemos las consecuencias.

Cuando los adolescentes buscan refugio en las drogas nos inquietamos, asustamos, no entendemos y de nuevo buscamos remedios desesperados. Probablemente sus cerebros están pidiendo a gritos una pausa, huir del pensamiento continuo, del exceso con más exceso.

No es casualidad que hoy los filósofos estén mirando atrás, muy atrás, y nos hablen de Sócrates y Platón, de Aristóteles, de Buda, de Confucio, de cómo aquellos sabios que tenían tiempo de pasear y contemplar se tomaban la vida. En común tenían, tal como señala Lou Marinoff (presidente y fundador de la American Philosophical Practitioners Associaton, APRA) ‘la noción sumamente importante de que el principal propósito de estar vivo es llevar una vida buena, aquí y ahora’, en el instante presente. Sin embargo, esa premisa de aparente simplicidad es hoy un difícil propósito porque nuestra mente esta siempre ocupada con pensamientos de deseo, conquista y crítica. Normal, ya que la sociedad de consumo nos invita desde nuestra más tierna infancia a poseer y nos asegura que la felicidad está en consumir sin medida objetos, viajes, información y personas, y todo eso convierte nuestro tiempo en una carrera de obstáculos en la que olvidamos que el gran viaje no es hacia el éxito sino hacia el significado.

Una buena vida parte del momento presente, tal como es tu presente será tu futuro, la calidad que le pongas al momento determinará el momento siguiente. Preocuparse sirve de bien poco, ocuparse es el único camino y cuanto más despierto y atento, mejor será el resultado. A menudo me gusta fijarme en los animales, que en ciertas cosas me parecen más sabios que nosotros. Un guepardo, una lagartija, un perro o un gato doméstico están siempre en lo que están y por eso suelen ser precisos, rápidos y efectivos en sus acciones, cuando cazan una mosca se concentran en la mosca y cuando duermen descansan, no andan preocupados por el mañana. Los humanos sin embargo multiplicamos nuestros  miedos pensando en ellos y también nuestras necesidades. Sólo hay un camino para combatir el SPA y es estar presente con toda tu energía en lo que estás haciendo, siendo consciente de que tu tiempo te pertenece y que la mejor manera de vivirlo es con calidad, no con cantidad, sé que eso es muy poco moderno, ya que hoy el mundo nos invita a hacer, hacer y hacer. Vale la pena probar el experimento que propone Émile Chartier: simplemente mirar a lo lejos, y es que el cuerpo —lo que mira, lo que huele y lo que acaricia—, también manda sobre la mente.

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'Campo magnético', Berenice Abbott, 1982
A través de un discurso ajeno a los juicios morales y a las omisiones interesadas acerca de los abismos que constituyen la naturaleza humana, 'Las experiencias del deseo', obra de Jesús Ferrero ganadora del Premio Anagrama de Ensayo en el año 2009, va desplegando una geografía de las pasiones donde la negatividad es vista como una fuerza necesaria y fundamental que anima desde dentro la mecánica de la vida y el fluir del Universo. Por eso, las pasiones consideradas negativas y disgregadoras tienen aquí el mismo rango que las consideradas positivas y cohesionadoras, y por la misma razón se evitan conceptos como perversión, desviación o enfermedad para definir lo que en esencia sólo son, insiste el autor, experiencias del deseo. Ferrero consigue aunar el estudio de la filosofía y la psicología con la literatura, y va construyendo poco a poco, en siete partes y un epílogo, una historia sobre nuestros amores y nuestros odios y de cómo actúan en la persona desde el vientre materno hasta el fin de sus días. Desire is a force inherent in all matter and all being, manifested through attraction —eros, love— and repulsion —misos, hate—. In turn, the love and hate, sons of desire and not the opposite, are split each into two: the love of self and love the other, hate yourself and hate the other. Four basic movements, two of attraction and two of repulsion, from where arise all the passions, here simply called 'experiences of desire'. The experiences derived from attachment oneself as narcissism or selfishness; derived from attachment to other as sex or the love of things or knowledge; derived from self-hatred as masochism, anorexia, anxiety or desperation; derived from hate to another as revenge, sadism, murder or war are perceived here as daughters of the forces of attraction and repulsion of desire, and among all form a nuanced and contradictory fluid, which encourage beings and also things. W_lasexperienciasdeldeseo
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Through a speech avoiding moral judgments and the depths that constitute human nature, 'The experiences of desire', the work of Jesús Ferrero winner of the Anagrama Essay Prize in 2009, unfolds a geography of passions where negativity is seen as a necessary and vital force that animates from within the mechanics of life and the flow of the Universe. Therefore, the considered negative and divisive passions have here the same range as those considered positive and integrative, and for the same reason concepts as perversion, diversion or disease are eliminated to define what are essentially only experiences of desire. Ferrero manages to combine the study of philosophy and psychology with literature, and gradually builds, into seven parts and an epilogue, a story about our loves and our hates and how they act in the person from birth to the end of his days. " ["post_title"]=> string(87) "Las experiencias del deseoThe experiences of desire" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(6) "closed" ["ping_status"]=> string(6) "closed" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(25) "the-experiences-of-desire" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-03-20 23:16:50" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-03-20 22:16:50" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(29) "http://whatonline.org/?p=6717" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#7609 (24) { ["ID"]=> int(924) ["post_author"]=> string(4) "2049" ["post_date"]=> string(19) "2012-05-28 00:03:56" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2012-05-27 22:03:56" ["post_content"]=> string(1406) "'El arte deberá ser tan importante en la educación como las matemáticas o la gramática, porque desarrolla nuestra capacidad emocional'. Dejó su puesto de director territorial en la caja de ahorros donde llevaba trabajando 30 años para embarcarse en un nuevo proyecto: Triodos Bank, banco holandés creado en 1980 cuyo objetivo principal es ayudar a construir una sociedad más humana y sostenible. El banco invierte en cooperación al desarrollo, tecnología aplicada al Medio Ambiente, comercio justo o empresas socialmente responsables, y nunca en tabaco, armas o energía nuclear, por ejemplo. Y Juan Antonio habla de cosas tan chocantes en boca de un banquero como amor, espiritualidad, arte o libertad.'The art should be as important as education, math or grammar, because it develops our emotional capacity'. He left his position as regional director in the savings bank where he had worked 30 years to embark on a new project: Triodos Bank, a Dutch bank created in 1980 whose main objective is to help build a more human and sustainable society. The bank invests in development cooperation, technology applied to the environment, fair trade and socially responsible companies, and never in snuff, weapons or nuclear energy, for example. And Juan Antonio speaks about things so shocking coming from a banker as love, spirituality, art or freedom." ["post_title"]=> string(124) "WHAT ABOUT: El futuro por Juan Antonio MeléWHAT ABOUT: The future by Juan Antonio Melé" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(42) "what-about-the-future-by-juan-antonio-mele" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-05-05 18:03:21" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-05-05 16:03:21" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(30) "http://what.dealfil.com/?p=924" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(2) "14" ["filter"]=> string(3) "raw" } [2]=> object(WP_Post)#7620 (24) { ["ID"]=> int(9555) ["post_author"]=> string(4) "2056" ["post_date"]=> string(19) "2021-04-05 02:21:57" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-04-05 00:21:57" ["post_content"]=> string(26217) "

Fue Cicerón quien dijo que vivir sin amigos no es vivir y es que da igual las riquezas o el poder que poseamos, lo guapos que seamos; todos, si algo necesitamos en nuestra vida son los amigos. O dicho quizás de otro modo, sin amigos ¿quién querría vivir?

Aristóteles dedica los libros VIII y IX de su 'Ética a Nicómaco' a estudiar de forma profunda la amistad y es él quien establece de entrada dos tipos de amistades, la perfecta y la imperfecta, que se han impuesto en el pensamiento universal sin apenas réplicas.

Keith (desenfocado) y Mick (enfocado) en Nueva York en 1978 —Imagen Michael Putland

Una amistad imperfecta es aquella que se mueve por el interés o por el placer, según el filósofo griego. Y es imperfecta precisamente porque depende de algún elemento exterior a la relación para tener éxito. Distinguía entre la imperfecta por utilidad y por placer.

Pensemos un poco más en concreto en este tipo de relación imperfecta por utilidad. Necesita de beneficio, de provecho individual, algo muy alejado de lo que normalmente entendemos por amistad verdadera. Si existe un interés ajeno al del propio amigo, este, ¿no se está convirtiendo en un medio en sí mismo para que nosotros alcancemos un fin?. '[…] los que quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que pueden obtener algún bien unos de otros' escribe Aristóteles.

Existe otro tipo de amistad imperfecta basada en el placer. Se trata esta de una amistad no necesariamente basada en el egoísmo, sino en la analogía, el placer de hacer algo en común, por gustos y favores mutuos. Este tipo de amistad la encontramos en la juventud. ¿Quién no recuerda ese amigo o amiga con el que salíamos de marcha cada sábado, al que le confiábamos todos nuestros secretos durante una noche de excesos? Esa intensidad, esa confianza ciega, ese gozo continuo se daba principalmente en la adolescencia y la juventud, momento en el que éramos capaces de sentir conexión cósmica con las personas. Estas amistades basadas en el placer acababan tan rápidamente como cambiaban nuestros gustos, cuando dejábamos de sentirnos cercanos en nuestros contentamientos con la otra persona.

Para el discípulo de Platón, la amistad perfecta no estaba basada en el interés o la utilidad, sino que se trata de una virtud unida a la felicidad de vivir en comunidad. Vivir en comunidad requiere convivencia y la convivencia sin amistad no puede ser plena. Por lo tanto, un hombre sin amistades no puede ser feliz. Aristóteles utiliza el término virtud como una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por defecto y el otro por exceso. La virtud tiene una proveniencia intelectual que une el conocimiento y la acción.

Según Aristóteles uno no puede tener un amigo del que no se fía, y confianza viene del latín fides, que significa ‘fe’ —Imagen busto de Aristóteles en el Palazzo Altemps de Roma

Ya hemos hecho el repaso de los tres tipos de amistad según Aristóteles, pero, ¿hemos de quedarnos en la categorización de la amistad o lo que en realidad más puede interesarnos es saber qué criterios hemos de seguir para definir a alguien como amigo? Particularmente, te confesaré, lector, que esta que escribe está más interesada en lo segundo y trataré de explicarme. Cualquier tipo de amistad nos sirve en un momento u otro como refugio para el alma. Puede ser que se trate de puro interés, de gustos comunes o que nos guíe el amor puro, pero, ¿cuándo alguien es un amigo y cuándo no pasa de conocido?

Me gustaría en este punto contraponer dos pensamientos, uno del mundo antiguo, masculino, sistemático, el de Aristóteles, con otro del siglo XX, femenino y de formación marxista: Simone Weil. Dos figuras máximas —recomiendo mucho la lectura de los ensayos de la filósofa francesa— que, analizando un concepto universal, entran en conflicto intelectual, a veces con pensamientos completamente opuestos. Dos expertos en la amistad que nos harán pensar, dudar y desarrollar conceptos más elaborados en nuestras cabecitas dormidas del siglo XXI.

‘Cuando el afecto de un ser humano hacia otro está constituido únicamente sobre la necesidad es atroz. Pocas cosas existen que adquieran ese grado de fealdad y de horror’ (Simone Weil) —Imagen Autor Desconocido

Hay tres criterios que han de darse según Aristóteles para poder hablar de amistad. El primero de ellos es el del tiempo. La amistad requiere de tiempo porque está basada en la confianza mutua y a su vez, la confianza pide tiempo, porque es precisamente el tiempo el factor que me va a determinar quién es de fiar y quién me va a traicionar. Uno no puede tener un amigo del que no se fía. Confianza, no lo olvidemos, viene del latín fides, que significa ‘fe’.

Simone Weil no ve el tiempo como un factor determinante; es más, cree que el tiempo no es ningún factor a tener en cuenta en absoluto cuando hablamos de amistad. Uno puede ser amigo de alguien durante 5 minutos. Y si no, que nos lo pregunten a las que hemos hecho cola en el baño de una discoteca a las 3 de la madrugada —cuando esas horas eran todavía posibles— y el tipo de confesiones que nos hemos hecho con ‘amigas’ a las que no hemos vuelto a ver. 'La amistad es el milagro en el que un ser humano acepta mirar con distancia y sin acercamiento alguno al ser que le es necesario como alimento' decía la parisina Weil.

Si Aristóteles hablaba de tiempo y no habría entendido el concepto de amistad de un solo día, Weil pone el acento en la intensidad. La amistad no se define por la duración sino por el ardor con el que se vive una relación. Para ella, la amistad es cualitativa y no cuantitativa y no requiere de la presencia continuada en el tiempo. Más bien al contrario, lo que le da valor a la amistad es su ausencia. Será a través de la ausencia como podamos sentirnos más unidos a alguien. ¿Conocéis la sensación de volver a hablar con un amigo de la infancia después de muchos años y tener la sensación de que no ha pasado el tiempo? ¿Y esa tan terrible de no interesarte nada lo que te cuente alguien a quien ves frecuentemente y a quien consideras tu amigo? Quizá es buen momento para plantearnos que hay muchos modelos de amistad que no tienen por qué ser incompatibles. Qué sé yo.

¿Es la amistad un tipo de amor? —Imagen A&

Pasemos a un segundo criterio que le sirve a Aristóteles para definir la amistad: la reciprocidad. 'Soy amigo de quien es mi amigo' y a este amigo mío le voy a dar todo lo que soy sin esperar nada a cambio, porque si estuviera esperando algo a cambio, no hablaríamos de amistad sino de transacción.

Pero, ¿cómo medimos la reciprocidad sin entrar en las compensaciones? Hemos quedado en que la amistad se aleja de los tratos comerciales en su lógica. Ahí es precisamente donde Simone Weil vuelve a objetar el argumento del filósofo de Estagira. La amistad ha de ser la entrega incondicional de uno, sin ningún porqué. De hecho, para Weil, la amistad no tiene nada que ver con una elección ni con la voluntad. No somos nosotros los que elegimos a nuestros amigos sino que es la propia amistad la que elige. La amistad es un acontecimiento, algo que nos pasa, queramos o no y tiene el poder de comenzar antes de que nos demos cuenta. Decimos que alguien es nuestro amigo cuando esa amistad ya está manifiesta dentro de nosotros.

Es de suponer que Jesús invitase a sus amigos a su última cena, pero ¿fueron sus discípulos y sus amigos las mismas personas? —Imagen Leonardo Da Vinci, 'La última cena', 1498

El tercer y último criterio en el que chocan los argumentos entre los dos filósofos es la semejanza. Según Aristóteles es imposible ser amigo de alguien con quien no tenemos nada que ver, tiene que existir alguna afinidad. Mi amigo es mi otro yo. Pero, ¿quién se parece a quién? ¿Quién deja de ser él para ser el otro? ¿En la amistad tiene que haber alguien necesariamente sometido en algún momento?

Simone Weil es más radical con este tema. Ella dice que el amigo nunca nos va a decir lo que queremos oír. La amistad lo que hace es desencajarnos, ponernos a prueba constantemente. Para Aristóteles el amigo es el espejo en el que reconocernos y que nos vuelve mejores a ambos. Weil afirma que para que el otro continúe en posición de otredad, no puede encajar con nuestra forma de ser.

Vayamos a un ejemplo material y bastante común. Sabemos que nuestro amigo está siendo engañado por su pareja. ¿Qué hacemos, se lo decimos? Piensa en la respuesta antes de continuar leyendo. Yo no tengo la respuesta sobre cómo ha de actuar un amigo de verdad, pero sí tengo la experiencia de haber estado en ambos lados de la situación y cuando he sido la engañada he recriminado al amigo que no me lo contara, porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Decirse la verdad aunque esta sea incómoda. Pero también he estado en la situación de saber de una infidelidad y no tener la certeza de que la verdad pudiera ayudar en algo. De hecho, mientras las personas pongamos por delante en nuestras relaciones emocionales a la pareja sobre la amistad, menos garantías de sinceridad habrá en la amistad.

Decía Weil que cuanto más diferente sea mi amigo, más sacará de mí esa amistad. Quizás tenga razón, pero en un mundo tan tendente al infantilismo, tan hipersensible a la crítica cuando viene del ‘contrario’ no sé si la amistad entre diferentes se está convirtiendo en algo cada vez más quimérico.

Thelma y Louise en Arkansas, haciéndose un selfie antes de que existieran —Imagen Ridley Scott, 'Thelma & Louise', 1991

Fue Cicerón quien dijo que vivir sin amigos no es vivir y es que da igual las riquezas o el poder que poseamos, lo guapos que seamos; todos, si algo necesitamos en nuestra vida son los amigos. O dicho quizás de otro modo, sin amigos ¿quién querría vivir?

Aristóteles dedica los libros VIII y IX de su 'Ética a Nicómaco' a estudiar de forma profunda la amistad y es él quien establece de entrada dos tipos de amistades, la perfecta y la imperfecta, que se han impuesto en el pensamiento universal sin apenas réplicas.

Keith (out of focus) and Mick (focused) in New York in 1978 —Image Michael Putland

Una amistad imperfecta es aquella que se mueve por el interés o por el placer, según el filósofo griego. Y es imperfecta precisamente porque depende de algún elemento exterior a la relación para tener éxito. Distinguía entre la imperfecta por utilidad y por placer.

Pensemos un poco más en concreto en este tipo de relación imperfecta por utilidad. Necesita de beneficio, de provecho individual, algo muy alejado de lo que normalmente entendemos por amistad verdadera. Si existe un interés ajeno al del propio amigo, este, ¿no se está convirtiendo en un medio en sí mismo para que nosotros alcancemos un fin?. '[…] los que quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que pueden obtener algún bien unos de otros' escribe Aristóteles.

Existe otro tipo de amistad imperfecta basada en el placer. Se trata esta de una amistad no necesariamente basada en el egoísmo, sino en la analogía, el placer de hacer algo en común, por gustos y favores mutuos. Este tipo de amistad la encontramos en la juventud. ¿Quién no recuerda ese amigo o amiga con el que salíamos de marcha cada sábado, al que le confiábamos todos nuestros secretos durante una noche de excesos? Esa intensidad, esa confianza ciega, ese gozo continuo se daba principalmente en la adolescencia y la juventud, momento en el que éramos capaces de sentir conexión cósmica con las personas. Estas amistades basadas en el placer acababan tan rápidamente como cambiaban nuestros gustos, cuando dejábamos de sentirnos cercanos en nuestros contentamientos con la otra persona.

Para el discípulo de Platón, la amistad perfecta no estaba basada en el interés o la utilidad, sino que se trata de una virtud unida a la felicidad de vivir en comunidad. Vivir en comunidad requiere convivencia y la convivencia sin amistad no puede ser plena. Por lo tanto, un hombre sin amistades no puede ser feliz. Aristóteles utiliza el término virtud como una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por defecto y el otro por exceso. La virtud tiene una proveniencia intelectual que une el conocimiento y la acción.

According to Aristotle one cannot have a friend whom one does not trust, and trust comes from the Latin fides, which means 'faith' —Image bust of Aristotle in the Palazzo Altemps in Rome

Ya hemos hecho el repaso de los tres tipos de amistad según Aristóteles, pero, ¿hemos de quedarnos en la categorización de la amistad o lo que en realidad más puede interesarnos es saber qué criterios hemos de seguir para definir a alguien como amigo? Particularmente, te confesaré, lector, que esta que escribe está más interesada en lo segundo y trataré de explicarme. Cualquier tipo de amistad nos sirve en un momento u otro como refugio para el alma. Puede ser que se trate de puro interés, de gustos comunes o que nos guíe el amor puro, pero, ¿cuándo alguien es un amigo y cuándo no pasa de conocido?

Me gustaría en este punto contraponer dos pensamientos, uno del mundo antiguo, masculino, sistemático, el de Aristóteles, con otro del siglo XX, femenino y de formación marxista: Simone Weil. Dos figuras máximas —recomiendo mucho la lectura de los ensayos de la filósofa francesa— que, analizando un concepto universal, entran en conflicto intelectual, a veces con pensamientos completamente opuestos. Dos expertos en la amistad que nos harán pensar, dudar y desarrollar conceptos más elaborados en nuestras cabecitas dormidas del siglo XXI.

‘When the affection of a human being to another is made only on the need it is atrocious. Few things exist that acquire that degree of ugliness and horror' (Simone Weil) —Image Author Unknown

Hay tres criterios que han de darse según Aristóteles para poder hablar de amistad. El primero de ellos es el del tiempo. La amistad requiere de tiempo porque está basada en la confianza mutua y a su vez, la confianza pide tiempo, porque es precisamente el tiempo el factor que me va a determinar quién es de fiar y quién me va a traicionar. Uno no puede tener un amigo del que no se fía. Confianza, no lo olvidemos, viene del latín fides, que significa ‘fe’.

Simone Weil no ve el tiempo como un factor determinante; es más, cree que el tiempo no es ningún factor a tener en cuenta en absoluto cuando hablamos de amistad. Uno puede ser amigo de alguien durante 5 minutos. Y si no, que nos lo pregunten a las que hemos hecho cola en el baño de una discoteca a las 3 de la madrugada —cuando esas horas eran todavía posibles— y el tipo de confesiones que nos hemos hecho con ‘amigas’ a las que no hemos vuelto a ver. 'La amistad es el milagro en el que un ser humano acepta mirar con distancia y sin acercamiento alguno al ser que le es necesario como alimento' decía la parisina Weil.

Si Aristóteles hablaba de tiempo y no habría entendido el concepto de amistad de un solo día, Weil pone el acento en la intensidad. La amistad no se define por la duración sino por el ardor con el que se vive una relación. Para ella, la amistad es cualitativa y no cuantitativa y no requiere de la presencia continuada en el tiempo. Más bien al contrario, lo que le da valor a la amistad es su ausencia. Será a través de la ausencia como podamos sentirnos más unidos a alguien. ¿Conocéis la sensación de volver a hablar con un amigo de la infancia después de muchos años y tener la sensación de que no ha pasado el tiempo? ¿Y esa tan terrible de no interesarte nada lo que te cuente alguien a quien ves frecuentemente y a quien consideras tu amigo? Quizá es buen momento para plantearnos que hay muchos modelos de amistad que no tienen por qué ser incompatibles. Qué sé yo.

Is friendship a type of love? —Image A&

Pasemos a un segundo criterio que le sirve a Aristóteles para definir la amistad: la reciprocidad. 'Soy amigo de quien es mi amigo' y a este amigo mío le voy a dar todo lo que soy sin esperar nada a cambio, porque si estuviera esperando algo a cambio, no hablaríamos de amistad sino de transacción.

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Presumably Jesus invited his friends to his last supper, but were his disciples and his friends the same people? —Image Leonardo Da Vinci, 'The Last Supper', 1498

El tercer y último criterio en el que chocan los argumentos entre los dos filósofos es la semejanza. Según Aristóteles es imposible ser amigo de alguien con quien no tenemos nada que ver, tiene que existir alguna afinidad. Mi amigo es mi otro yo. Pero, ¿quién se parece a quién? ¿Quién deja de ser él para ser el otro? ¿En la amistad tiene que haber alguien necesariamente sometido en algún momento?

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Vayamos a un ejemplo material y bastante común. Sabemos que nuestro amigo está siendo engañado por su pareja. ¿Qué hacemos, se lo decimos? Piensa en la respuesta antes de continuar leyendo. Yo no tengo la respuesta sobre cómo ha de actuar un amigo de verdad, pero sí tengo la experiencia de haber estado en ambos lados de la situación y cuando he sido la engañada he recriminado al amigo que no me lo contara, porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Decirse la verdad aunque esta sea incómoda. Pero también he estado en la situación de saber de una infidelidad y no tener la certeza de que la verdad pudiera ayudar en algo. De hecho, mientras las personas pongamos por delante en nuestras relaciones emocionales a la pareja sobre la amistad, menos garantías de sinceridad habrá en la amistad.

Decía Weil que cuanto más diferente sea mi amigo, más sacará de mí esa amistad. Quizás tenga razón, pero en un mundo tan tendente al infantilismo, tan hipersensible a la crítica cuando viene del ‘contrario’ no sé si la amistad entre diferentes se está convirtiendo en algo cada vez más quimérico.

Thelma and Louise in Arkansas, taking a selfie before they even existed —Image Ridley Scott, 'Thelma & Louise', 1991

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