04/06/2012

El firmamento y las noches estrelladas

Émile Chartier, que se definía a sí mismo como el más filósofo de los periodistas y el más periodista de los filósofos y que vivió a caballo entre el siglo XIX y el XX, recomendaba mirar a lo lejos. ‘Cuando miráis las estrellas y el horizonte marino’, decía, ‘vuestros ojos están completamente relajados. Si los ojos están relajados, la cabeza está libre, el paso se hace más firme, todo se relaja y suaviza hasta las vísceras. Pero no trates de suavizarte mediante la voluntad; tu voluntad, ejercida sobre ti, aplicada en ti, lo hace todo al revés y acabará por estrangularte. No pienses, mira a lo lejos’.

Cuando Chartier elaboró esta teoría no existía la televisión, ni los videojuegos, ni los ordenadores, teléfonos móviles, correos electrónicos. Los humanos no vivíamos entonces sumidos bajo el yugo de la prisa, el ruido y el estrés, y sin embargo sus pensamientos son de plena actualidad. Incluso las vacaciones se convierten en un no parar de aviones, lugares y sitios que visitar. Hoy, mirar a lo lejos se considera una pérdida de tiempo.

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‘Noche estrellada sobre el Ródano’, Vincent Van Gogh, 1888

No hace mucho tuve la oportunidad de conocer a un psiquiatra brasileño, Augusto Cury, cuyas ideas se han adaptado como cursos de postgrado en 15 universidades. Cury ha definido un nuevo síndrome de nuestra época, el Síndrome del Pensamiento Acelerado (SPA). Según dicha teoría, recibimos gran cantidad de información que registramos de manera inconsciente y que nuestro cerebro procesa continuamente leyendo a gran velocidad, enloquecido. Las consecuencias son esas enfermedades contemporáneas que asolan a los países desarrollados: la ansiedad, el estrés, enfermedades psicosomáticas, falta de memoria, depresión. Y nadie se libra de ellas, incluso nuestros niños sufren cada vez más el déficit de atención y son hiperactivos debido al exceso de estímulos. Contra todos estos males hemos inventado fármacos que nos ayudan a sobrellevarlos, pero nada nos cura, nada detiene nuestras mentes. El sentido común nos dice que dar fármacos al cerebro en formación de un niño de seis años es, como mínimo, peligroso, pero de nuevo las circunstancias nos superan, tenemos trabajo, hipotecas, cursos, exceso de actividad y ninguna abuela que viva en el campo sin televisión para poder alejar a nuestro hijo del exceso de todo, así que abdicamos a este mundo de los remedios sin causa que todo lo engulle y del que no sabemos las consecuencias.

Cuando los adolescentes buscan refugio en las drogas nos inquietamos, asustamos, no entendemos y de nuevo buscamos remedios desesperados. Probablemente sus cerebros están pidiendo a gritos una pausa, huir del pensamiento continuo, del exceso con más exceso.

No es casualidad que hoy los filósofos estén mirando atrás, muy atrás, y nos hablen de Sócrates y Platón, de Aristóteles, de Buda, de Confucio, de cómo aquellos sabios que tenían tiempo de pasear y contemplar se tomaban la vida. En común tenían, tal como señala Lou Marinoff (presidente y fundador de la American Philosophical Practitioners Associaton, APRA) ‘la noción sumamente importante de que el principal propósito de estar vivo es llevar una vida buena, aquí y ahora’, en el instante presente. Sin embargo, esa premisa de aparente simplicidad es hoy un difícil propósito porque nuestra mente esta siempre ocupada con pensamientos de deseo, conquista y crítica. Normal, ya que la sociedad de consumo nos invita desde nuestra más tierna infancia a poseer y nos asegura que la felicidad está en consumir sin medida objetos, viajes, información y personas, y todo eso convierte nuestro tiempo en una carrera de obstáculos en la que olvidamos que el gran viaje no es hacia el éxito sino hacia el significado.

Una buena vida parte del momento presente, tal como es tu presente será tu futuro, la calidad que le pongas al momento determinará el momento siguiente. Preocuparse sirve de bien poco, ocuparse es el único camino y cuanto más despierto y atento, mejor será el resultado. A menudo me gusta fijarme en los animales, que en ciertas cosas me parecen más sabios que nosotros. Un guepardo, una lagartija, un perro o un gato doméstico están siempre en lo que están y por eso suelen ser precisos, rápidos y efectivos en sus acciones, cuando cazan una mosca se concentran en la mosca y cuando duermen descansan, no andan preocupados por el mañana. Los humanos sin embargo multiplicamos nuestros  miedos pensando en ellos y también nuestras necesidades. Sólo hay un camino para combatir el SPA y es estar presente con toda tu energía en lo que estás haciendo, siendo consciente de que tu tiempo te pertenece y que la mejor manera de vivirlo es con calidad, no con cantidad, sé que eso es muy poco moderno, ya que hoy el mundo nos invita a hacer, hacer y hacer. Vale la pena probar el experimento que propone Émile Chartier: simplemente mirar a lo lejos, y es que el cuerpo —lo que mira, lo que huele y lo que acaricia—, también manda sobre la mente.

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Fue Cicerón quien dijo que vivir sin amigos no es vivir y es que da igual las riquezas o el poder que poseamos, lo guapos que seamos; todos, si algo necesitamos en nuestra vida son los amigos. O dicho quizás de otro modo, sin amigos ¿quién querría vivir?

Aristóteles dedica los libros VIII y IX de su 'Ética a Nicómaco' a estudiar de forma profunda la amistad y es él quien establece de entrada dos tipos de amistades, la perfecta y la imperfecta, que se han impuesto en el pensamiento universal sin apenas réplicas.

Keith (desenfocado) y Mick (enfocado) en Nueva York en 1978 —Imagen Michael Putland

Una amistad imperfecta es aquella que se mueve por el interés o por el placer, según el filósofo griego. Y es imperfecta precisamente porque depende de algún elemento exterior a la relación para tener éxito. Distinguía entre la imperfecta por utilidad y por placer.

Pensemos un poco más en concreto en este tipo de relación imperfecta por utilidad. Necesita de beneficio, de provecho individual, algo muy alejado de lo que normalmente entendemos por amistad verdadera. Si existe un interés ajeno al del propio amigo, este, ¿no se está convirtiendo en un medio en sí mismo para que nosotros alcancemos un fin?. '[…] los que quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que pueden obtener algún bien unos de otros' escribe Aristóteles.

Existe otro tipo de amistad imperfecta basada en el placer. Se trata esta de una amistad no necesariamente basada en el egoísmo, sino en la analogía, el placer de hacer algo en común, por gustos y favores mutuos. Este tipo de amistad la encontramos en la juventud. ¿Quién no recuerda ese amigo o amiga con el que salíamos de marcha cada sábado, al que le confiábamos todos nuestros secretos durante una noche de excesos? Esa intensidad, esa confianza ciega, ese gozo continuo se daba principalmente en la adolescencia y la juventud, momento en el que éramos capaces de sentir conexión cósmica con las personas. Estas amistades basadas en el placer acababan tan rápidamente como cambiaban nuestros gustos, cuando dejábamos de sentirnos cercanos en nuestros contentamientos con la otra persona.

Para el discípulo de Platón, la amistad perfecta no estaba basada en el interés o la utilidad, sino que se trata de una virtud unida a la felicidad de vivir en comunidad. Vivir en comunidad requiere convivencia y la convivencia sin amistad no puede ser plena. Por lo tanto, un hombre sin amistades no puede ser feliz. Aristóteles utiliza el término virtud como una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por defecto y el otro por exceso. La virtud tiene una proveniencia intelectual que une el conocimiento y la acción.

Según Aristóteles uno no puede tener un amigo del que no se fía, y confianza viene del latín fides, que significa ‘fe’ —Imagen busto de Aristóteles en el Palazzo Altemps de Roma

Ya hemos hecho el repaso de los tres tipos de amistad según Aristóteles, pero, ¿hemos de quedarnos en la categorización de la amistad o lo que en realidad más puede interesarnos es saber qué criterios hemos de seguir para definir a alguien como amigo? Particularmente, te confesaré, lector, que esta que escribe está más interesada en lo segundo y trataré de explicarme. Cualquier tipo de amistad nos sirve en un momento u otro como refugio para el alma. Puede ser que se trate de puro interés, de gustos comunes o que nos guíe el amor puro, pero, ¿cuándo alguien es un amigo y cuándo no pasa de conocido?

Me gustaría en este punto contraponer dos pensamientos, uno del mundo antiguo, masculino, sistemático, el de Aristóteles, con otro del siglo XX, femenino y de formación marxista: Simone Weil. Dos figuras máximas —recomiendo mucho la lectura de los ensayos de la filósofa francesa— que, analizando un concepto universal, entran en conflicto intelectual, a veces con pensamientos completamente opuestos. Dos expertos en la amistad que nos harán pensar, dudar y desarrollar conceptos más elaborados en nuestras cabecitas dormidas del siglo XXI.

‘Cuando el afecto de un ser humano hacia otro está constituido únicamente sobre la necesidad es atroz. Pocas cosas existen que adquieran ese grado de fealdad y de horror’ (Simone Weil) —Imagen Autor Desconocido

Hay tres criterios que han de darse según Aristóteles para poder hablar de amistad. El primero de ellos es el del tiempo. La amistad requiere de tiempo porque está basada en la confianza mutua y a su vez, la confianza pide tiempo, porque es precisamente el tiempo el factor que me va a determinar quién es de fiar y quién me va a traicionar. Uno no puede tener un amigo del que no se fía. Confianza, no lo olvidemos, viene del latín fides, que significa ‘fe’.

Simone Weil no ve el tiempo como un factor determinante; es más, cree que el tiempo no es ningún factor a tener en cuenta en absoluto cuando hablamos de amistad. Uno puede ser amigo de alguien durante 5 minutos. Y si no, que nos lo pregunten a las que hemos hecho cola en el baño de una discoteca a las 3 de la madrugada —cuando esas horas eran todavía posibles— y el tipo de confesiones que nos hemos hecho con ‘amigas’ a las que no hemos vuelto a ver. 'La amistad es el milagro en el que un ser humano acepta mirar con distancia y sin acercamiento alguno al ser que le es necesario como alimento' decía la parisina Weil.

Si Aristóteles hablaba de tiempo y no habría entendido el concepto de amistad de un solo día, Weil pone el acento en la intensidad. La amistad no se define por la duración sino por el ardor con el que se vive una relación. Para ella, la amistad es cualitativa y no cuantitativa y no requiere de la presencia continuada en el tiempo. Más bien al contrario, lo que le da valor a la amistad es su ausencia. Será a través de la ausencia como podamos sentirnos más unidos a alguien. ¿Conocéis la sensación de volver a hablar con un amigo de la infancia después de muchos años y tener la sensación de que no ha pasado el tiempo? ¿Y esa tan terrible de no interesarte nada lo que te cuente alguien a quien ves frecuentemente y a quien consideras tu amigo? Quizá es buen momento para plantearnos que hay muchos modelos de amistad que no tienen por qué ser incompatibles. Qué sé yo.

¿Es la amistad un tipo de amor? —Imagen A&

Pasemos a un segundo criterio que le sirve a Aristóteles para definir la amistad: la reciprocidad. 'Soy amigo de quien es mi amigo' y a este amigo mío le voy a dar todo lo que soy sin esperar nada a cambio, porque si estuviera esperando algo a cambio, no hablaríamos de amistad sino de transacción.

Pero, ¿cómo medimos la reciprocidad sin entrar en las compensaciones? Hemos quedado en que la amistad se aleja de los tratos comerciales en su lógica. Ahí es precisamente donde Simone Weil vuelve a objetar el argumento del filósofo de Estagira. La amistad ha de ser la entrega incondicional de uno, sin ningún porqué. De hecho, para Weil, la amistad no tiene nada que ver con una elección ni con la voluntad. No somos nosotros los que elegimos a nuestros amigos sino que es la propia amistad la que elige. La amistad es un acontecimiento, algo que nos pasa, queramos o no y tiene el poder de comenzar antes de que nos demos cuenta. Decimos que alguien es nuestro amigo cuando esa amistad ya está manifiesta dentro de nosotros.

Es de suponer que Jesús invitase a sus amigos a su última cena, pero ¿fueron sus discípulos y sus amigos las mismas personas? —Imagen Leonardo Da Vinci, 'La última cena', 1498

El tercer y último criterio en el que chocan los argumentos entre los dos filósofos es la semejanza. Según Aristóteles es imposible ser amigo de alguien con quien no tenemos nada que ver, tiene que existir alguna afinidad. Mi amigo es mi otro yo. Pero, ¿quién se parece a quién? ¿Quién deja de ser él para ser el otro? ¿En la amistad tiene que haber alguien necesariamente sometido en algún momento?

Simone Weil es más radical con este tema. Ella dice que el amigo nunca nos va a decir lo que queremos oír. La amistad lo que hace es desencajarnos, ponernos a prueba constantemente. Para Aristóteles el amigo es el espejo en el que reconocernos y que nos vuelve mejores a ambos. Weil afirma que para que el otro continúe en posición de otredad, no puede encajar con nuestra forma de ser.

Vayamos a un ejemplo material y bastante común. Sabemos que nuestro amigo está siendo engañado por su pareja. ¿Qué hacemos, se lo decimos? Piensa en la respuesta antes de continuar leyendo. Yo no tengo la respuesta sobre cómo ha de actuar un amigo de verdad, pero sí tengo la experiencia de haber estado en ambos lados de la situación y cuando he sido la engañada he recriminado al amigo que no me lo contara, porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Decirse la verdad aunque esta sea incómoda. Pero también he estado en la situación de saber de una infidelidad y no tener la certeza de que la verdad pudiera ayudar en algo. De hecho, mientras las personas pongamos por delante en nuestras relaciones emocionales a la pareja sobre la amistad, menos garantías de sinceridad habrá en la amistad.

Decía Weil que cuanto más diferente sea mi amigo, más sacará de mí esa amistad. Quizás tenga razón, pero en un mundo tan tendente al infantilismo, tan hipersensible a la crítica cuando viene del ‘contrario’ no sé si la amistad entre diferentes se está convirtiendo en algo cada vez más quimérico.

Thelma y Louise en Arkansas, haciéndose un selfie antes de que existieran —Imagen Ridley Scott, 'Thelma & Louise', 1991

Fue Cicerón quien dijo que vivir sin amigos no es vivir y es que da igual las riquezas o el poder que poseamos, lo guapos que seamos; todos, si algo necesitamos en nuestra vida son los amigos. O dicho quizás de otro modo, sin amigos ¿quién querría vivir?

Aristóteles dedica los libros VIII y IX de su 'Ética a Nicómaco' a estudiar de forma profunda la amistad y es él quien establece de entrada dos tipos de amistades, la perfecta y la imperfecta, que se han impuesto en el pensamiento universal sin apenas réplicas.

Keith (out of focus) and Mick (focused) in New York in 1978 —Image Michael Putland

Una amistad imperfecta es aquella que se mueve por el interés o por el placer, según el filósofo griego. Y es imperfecta precisamente porque depende de algún elemento exterior a la relación para tener éxito. Distinguía entre la imperfecta por utilidad y por placer.

Pensemos un poco más en concreto en este tipo de relación imperfecta por utilidad. Necesita de beneficio, de provecho individual, algo muy alejado de lo que normalmente entendemos por amistad verdadera. Si existe un interés ajeno al del propio amigo, este, ¿no se está convirtiendo en un medio en sí mismo para que nosotros alcancemos un fin?. '[…] los que quieren por interés no se quieren por sí mismos, sino en la medida en que pueden obtener algún bien unos de otros' escribe Aristóteles.

Existe otro tipo de amistad imperfecta basada en el placer. Se trata esta de una amistad no necesariamente basada en el egoísmo, sino en la analogía, el placer de hacer algo en común, por gustos y favores mutuos. Este tipo de amistad la encontramos en la juventud. ¿Quién no recuerda ese amigo o amiga con el que salíamos de marcha cada sábado, al que le confiábamos todos nuestros secretos durante una noche de excesos? Esa intensidad, esa confianza ciega, ese gozo continuo se daba principalmente en la adolescencia y la juventud, momento en el que éramos capaces de sentir conexión cósmica con las personas. Estas amistades basadas en el placer acababan tan rápidamente como cambiaban nuestros gustos, cuando dejábamos de sentirnos cercanos en nuestros contentamientos con la otra persona.

Para el discípulo de Platón, la amistad perfecta no estaba basada en el interés o la utilidad, sino que se trata de una virtud unida a la felicidad de vivir en comunidad. Vivir en comunidad requiere convivencia y la convivencia sin amistad no puede ser plena. Por lo tanto, un hombre sin amistades no puede ser feliz. Aristóteles utiliza el término virtud como una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por defecto y el otro por exceso. La virtud tiene una proveniencia intelectual que une el conocimiento y la acción.

According to Aristotle one cannot have a friend whom one does not trust, and trust comes from the Latin fides, which means 'faith' —Image bust of Aristotle in the Palazzo Altemps in Rome

Ya hemos hecho el repaso de los tres tipos de amistad según Aristóteles, pero, ¿hemos de quedarnos en la categorización de la amistad o lo que en realidad más puede interesarnos es saber qué criterios hemos de seguir para definir a alguien como amigo? Particularmente, te confesaré, lector, que esta que escribe está más interesada en lo segundo y trataré de explicarme. Cualquier tipo de amistad nos sirve en un momento u otro como refugio para el alma. Puede ser que se trate de puro interés, de gustos comunes o que nos guíe el amor puro, pero, ¿cuándo alguien es un amigo y cuándo no pasa de conocido?

Me gustaría en este punto contraponer dos pensamientos, uno del mundo antiguo, masculino, sistemático, el de Aristóteles, con otro del siglo XX, femenino y de formación marxista: Simone Weil. Dos figuras máximas —recomiendo mucho la lectura de los ensayos de la filósofa francesa— que, analizando un concepto universal, entran en conflicto intelectual, a veces con pensamientos completamente opuestos. Dos expertos en la amistad que nos harán pensar, dudar y desarrollar conceptos más elaborados en nuestras cabecitas dormidas del siglo XXI.

‘When the affection of a human being to another is made only on the need it is atrocious. Few things exist that acquire that degree of ugliness and horror' (Simone Weil) —Image Author Unknown

Hay tres criterios que han de darse según Aristóteles para poder hablar de amistad. El primero de ellos es el del tiempo. La amistad requiere de tiempo porque está basada en la confianza mutua y a su vez, la confianza pide tiempo, porque es precisamente el tiempo el factor que me va a determinar quién es de fiar y quién me va a traicionar. Uno no puede tener un amigo del que no se fía. Confianza, no lo olvidemos, viene del latín fides, que significa ‘fe’.

Simone Weil no ve el tiempo como un factor determinante; es más, cree que el tiempo no es ningún factor a tener en cuenta en absoluto cuando hablamos de amistad. Uno puede ser amigo de alguien durante 5 minutos. Y si no, que nos lo pregunten a las que hemos hecho cola en el baño de una discoteca a las 3 de la madrugada —cuando esas horas eran todavía posibles— y el tipo de confesiones que nos hemos hecho con ‘amigas’ a las que no hemos vuelto a ver. 'La amistad es el milagro en el que un ser humano acepta mirar con distancia y sin acercamiento alguno al ser que le es necesario como alimento' decía la parisina Weil.

Si Aristóteles hablaba de tiempo y no habría entendido el concepto de amistad de un solo día, Weil pone el acento en la intensidad. La amistad no se define por la duración sino por el ardor con el que se vive una relación. Para ella, la amistad es cualitativa y no cuantitativa y no requiere de la presencia continuada en el tiempo. Más bien al contrario, lo que le da valor a la amistad es su ausencia. Será a través de la ausencia como podamos sentirnos más unidos a alguien. ¿Conocéis la sensación de volver a hablar con un amigo de la infancia después de muchos años y tener la sensación de que no ha pasado el tiempo? ¿Y esa tan terrible de no interesarte nada lo que te cuente alguien a quien ves frecuentemente y a quien consideras tu amigo? Quizá es buen momento para plantearnos que hay muchos modelos de amistad que no tienen por qué ser incompatibles. Qué sé yo.

Is friendship a type of love? —Image A&

Pasemos a un segundo criterio que le sirve a Aristóteles para definir la amistad: la reciprocidad. 'Soy amigo de quien es mi amigo' y a este amigo mío le voy a dar todo lo que soy sin esperar nada a cambio, porque si estuviera esperando algo a cambio, no hablaríamos de amistad sino de transacción.

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Presumably Jesus invited his friends to his last supper, but were his disciples and his friends the same people? —Image Leonardo Da Vinci, 'The Last Supper', 1498

El tercer y último criterio en el que chocan los argumentos entre los dos filósofos es la semejanza. Según Aristóteles es imposible ser amigo de alguien con quien no tenemos nada que ver, tiene que existir alguna afinidad. Mi amigo es mi otro yo. Pero, ¿quién se parece a quién? ¿Quién deja de ser él para ser el otro? ¿En la amistad tiene que haber alguien necesariamente sometido en algún momento?

Simone Weil es más radical con este tema. Ella dice que el amigo nunca nos va a decir lo que queremos oír. La amistad lo que hace es desencajarnos, ponernos a prueba constantemente. Para Aristóteles el amigo es el espejo en el que reconocernos y que nos vuelve mejores a ambos. Weil afirma que para que el otro continúe en posición de otredad, no puede encajar con nuestra forma de ser.

Vayamos a un ejemplo material y bastante común. Sabemos que nuestro amigo está siendo engañado por su pareja. ¿Qué hacemos, se lo decimos? Piensa en la respuesta antes de continuar leyendo. Yo no tengo la respuesta sobre cómo ha de actuar un amigo de verdad, pero sí tengo la experiencia de haber estado en ambos lados de la situación y cuando he sido la engañada he recriminado al amigo que no me lo contara, porque eso es lo que hacen los amigos, ¿no? Decirse la verdad aunque esta sea incómoda. Pero también he estado en la situación de saber de una infidelidad y no tener la certeza de que la verdad pudiera ayudar en algo. De hecho, mientras las personas pongamos por delante en nuestras relaciones emocionales a la pareja sobre la amistad, menos garantías de sinceridad habrá en la amistad.

Decía Weil que cuanto más diferente sea mi amigo, más sacará de mí esa amistad. Quizás tenga razón, pero en un mundo tan tendente al infantilismo, tan hipersensible a la crítica cuando viene del ‘contrario’ no sé si la amistad entre diferentes se está convirtiendo en algo cada vez más quimérico.

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La educación había sido una de las mayores preocupaciones del hindú desde el principio mismo de su trayectoria, y las escuelas constituyen uno de los terrenos más apropiados para llevar a la práctica sus enseñanzas. Con ese fin, Brockwood se estableció en Hampshire como una escuela privada con capacidad para un grupo reducido de estudiantes en régimen de internado. La comunidad de profesores y alumnos tenía un carácter notablemente internacional, con gente procedente de más de una veintena de países. El propósito era despertar la inteligencia del estudiante y del educador a la naturaleza y consecuencias de su conducta y forma de pensar, en todas las facetas de la vida cotidiana. Lo importante no es conseguir que el alumno saque buenas notas, sino que sea capaz de enfrentarse adecuadamente a todos los retos de su relación con el mundo. Una de las actividades más significativas de la institución son sus charlas abiertas. 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The important thing is not to get the students get good grades, but is able to adequately face all the challenges of their relationship with the world. One of the most significant activities of the institution are your open chats. In this, which took place in May 1976, Krishnamurti, the physicist David Bohm and psychoanalyst David Shainberg reflect on concepts like solitude, freedom, transformation, thought or mind." 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Nacido en el seno de una familia católica conservadora, hijo del director del Banco de Francia Francois Jacquard y de Marie-Louise Fourgeot, en 1934 el automóvil en el que viaja sufre un accidente en el que fallecen su hermano menor y sus abuelos paternos, y él queda desfigurado. En 1943 obtiene los bachilleratos en matemática y filosofía, y en 1948 se gradúa en ingeniería de fábricas públicas en la Escuela Politécnica Francesa y se integra en el Instituto Francés de Estadística. En 1951 se incorpora al monopolio SEITA como ingeniero de organización y de método y más tarde trabaja como investigador en el Tribunal de Cuentas francés y como alto ejecutivo en el ministerio de salud. En 1966 se traslada a Estados Unidos para estudiar genética de población en la Universidad de Stanford y regresa a Francia para incorporarse al instituto francés para estudios demográficos, como responsable del departamento de genética. En 1973 es nombrado experto en genética por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el organismo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) especializado en gestionar políticas de prevención, promoción e intervención en salud a nivel mundial. En 1973 comienza a dar clases en la Universidad de Ginebra, Suiza (1973—1976) y tiempo después en la Universidad Pierre y Marie Curie de París (1978—1990) y en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica (1979—1981). Su obra le valió el reconocimiento nacional, siendo nombrado Oficial de la Legión de Honor y Comandante de la Orden Nacional del Mérito (1980), además de recibir el Premio de Ciencia de la Fundación Francia el mismo año. Entre sus obras destacan 'Yo acuso a la economía triunfante' (1996), 'Pequeña filosofía para no filósofos' (1997) y 'Mi utopía' (2006).The French writer, essayist, teacher, philosopher, biologist and geneticist Albert Jacquard shares on this interview some interesting and revealing reflections on work. Born into a conservative Catholic family, son of the director of the Bank of France Francois Jacquard and Marie-Louise Fourgeot, in 1934 he suffers a car accident in which his younger brother and his paternal grandparents die, and he is disfigured. In 1943 obtained the bachelor in mathematics and philosophy, and in 1948 he graduated in public factories engineering in the French Polytechnique School and becomes part of the French Institute of Statistics. In 1951 is incorporated to the monopoly Seita as an engineer on organization and method and later worked as a researcher at the French Court of Auditors and as a senior executive in the health ministry. In 1966 he moved to the United States to study population genetics at Stanford University and returned to France to join the French Institute for Demographic Studies, as head of the department of genetics. In 1973 he was appointed geneticist by the World Health Organization (WHO), the agency of the United Nations (UN) specialized in managing policies for prevention, promotion and intervention in health worldwide. In 1973 he began teaching at the University of Geneva, Switzerland (1973—1976) and then at the Pierre and Marie Curie University in Paris (1978—1990) and at the Catholic University of Leuven, Belgium (1979—1981). His work earned him national recognition, being named Officer of the Legion of Honor and Commander of the National Order of Merit (1980), and received the Science Award of the Foundation France the same year. His works include 'I accuse the triumphant economy' (1996), 'Small philosophy for non philosophers' (1997) and 'My utopia' (2006)." 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